Sentir, medir y evaluar la energía vital que afecta el funcionamiento del cuerpo físico es una habilidad y se puede aprender.

Cuando se trabaja una técnica y aún más si se trata de algo que trabaja sobre la salud de las personas son indispensables el conocimiento, la intuición y el arte de aplicarla, pero  el medir y evaluar lo que se hace resulta imprescindible para enfocar adecuadamente y de manera certera un tratamiento. Esto puede requerir de instrumentos complicados o de la agudeza de sentidos bien entrenados para ello, pero sobretodo de poder ver los efectos de algo consistentemente y de manera regular para poder deducir que los causa y que los afecta.  Si tienes en mano una pequeña linterna y mueves el interruptor a -ON-, la bombilla se enciende. No has visto la electricidad, pero ves el efecto de esta y como sabemos que ese interruptor hace contacto entre la batería y la bombilla produciendo siempre el mismo efecto, entendemos el funcionamiento y a eso lo llamamos ciencia.

Ahora movámonos a otro ámbito, al mundo de la energía sutil que es tan real como el denso. La física nos habla de materia sólida, líquida, gaseosa así como del éter o bioplasma. Los primeros evidentemente los podemos percibir con nuestros sentidos normales, incluso un gas lo podemos percibir por su olor o por la presión que ejerce al ser contenido. Es decir que aún si no lo vemos sabemos que está, que tiene un efecto y esto es válido en el mundo natural como en el cuerpo físico.

Este cuerpo físico está efectivamente formado por materia sólida, líquida, gaseosa y también la etérica o bioplasma y por tanto será afectado por todas ellas. Esta última, es la que le suministra energía vital para funcionar y forma un campo de energía que está dentro y alrededor del físico, a este campo y estructura se le ha denominado cuerpo etérico o bioplásmico (por la materia que lo conforma) o a nivel más genérico el aura.   

Igual que entrenamos un sentido para agudizarse a diferencias sutiles -un músico puede detectar una nota mal en un concierto, un esquimal distingue 30 tonos de blanco y como estos muchos ejemplos- podemos entrenar nuestros sentidos a percibir esa energía sutil. Uno de los más fáciles de entrenar y que aporta mucha información muy precisa, es el tacto, de hecho tened en cuenta que este sentido informa de temperatura, densidad, presión, texturas, forma y mucho mas.

El cuerpo etérico o de energía vital tiene no solo materia etérica, sino además una estructura con canales y centros que movilizan, distribuyen o gestionan dicha energía y esto se puede aprender a percibir con cualquiera de los sentidos, pero resaltábamos ya la gran utilidad del tacto en este proceso. A través del “tocar”se aprende apercibir leves cambios en la densidad o temperatura al principio y con más práctica, también densidades o cualidades, esto permite reconocer el nivel de energía que hay en el aura, en los diferentes centros de energía, así como también en los órganos, sentir y establecer si esta energía es limpia o enferma (cambia la densidad, cualidad y textura), esta fluyendo adecuadamente, si hay acumulaciones o bloqueos que pueden generar enfermedad. Incluso en niveles más avanzados se puede percibir la diferencia entre la energía física y aquella psicológica que aporta otras informaciones al sistema y que será necesario cuando se trabaje la psicoterapia pránica.

En un Curso Básico de Sanación Pránica, lo primero que se aprende son los principios de la energía sutil y como sentirla y evaluarla, ya que esta medición es fundamental para saber qué está fuera de equilibrio y establecer el estado previo y el resultado de una terapia.

Sanación Pránica es una ciencia y un arte que se basa en la evaluación inteligente de los procesos y la corroboración de las técnicas.  Hoy en día existen algunos pocos instrumentos de medición como la cámara GDV (antiguamente conocida como cámara Kirlian) por ejemplo, registra la emisión de energía del cuerpo y gracias a este registro logra hacer una imagen computarizada muy precisa de las afecciones que puede haber en el cuerpo físico y su fluído energía. Hay tecnología que usa el calor con imágenes de alta precisión y algunas como el quantum y otras que registran los efectos electromagnéticos o del movimiento de dicha energía.

Estas maravillas de la tecnología, resultan sin embargo muy costosas cuando podemos hacer uso de herramientas de medición y diagnóstico como es la evaluación de la energía y sus estados usando directamente las manos bien entrenadas.   SI, así como anteriormente el médico tocaba el abdomen, miraba el color, la lengua, escuchaba el sonido de los pulmones y otros para desarrollar el “ojo clínico” y determinar un diagnóstico, las manos son muy capaces de sentir la energía del campo etérico y otros  detalles de la energía arrojando información valiosa sobre el estado de la persona y de los cambios y resultados después de aplicar una terapia.

En el caso del sanador pránico, entrenar dicho sentido, permite diferencias de densidades, temperatura, cantidad y calidad de energía en chakras o en el aura e incluso determinar (también por la localización y tipo de energía puede establecer si una congestión es de índole físico o más bien psicológico).  Se trata así de habilidades que se entrenan y que junto con el conocimiento de las estructuras y procesos -y posibiles alteraciones- permiten corrobar los tratamientos aplicados y los resultados que además coinciden con los protocolos previamente evaluados y comprobados.

La herramienta esta en nuestras manos y al alcance de todos, solo requiere entrenamiento y conocimiento para entender lo que se siente.

Ana Maria Vargas Vela – Directora IPHE

La ciencia y arte de sanar a través de las manos

La utilización de las manos para sanar o curar es tan antigua como el hombre y ha tenido muy diferentes desarrollos.

Se utilizan las manos siguiendo una inspiración que es casi sentido común o siguiendo técnicas especificas, algunas veces empleando herramientas y otras usando directamente las manos para aplicar por ejemplo un masaje, presión en puntos específicos del cuerpo o manejando la energía que puede influir en el equilibrio y bienestar del cuerpo y la mente. Y es en este aspecto que nos centraremos en este articulo.

El uso de la energía vital para sanar, viene de disciplinas ancestrales y ha sido trabajada por múltiples culturas alrededor del mundo. Esta energía es también llamada prana en sánscrito y es el mismo concepto que los chinos denominan chi (qui) o los japoneses ki, el pneuma del que hablaban los griegos, el rhua de los hebreos, así como también el bioplasma o éter que estudian actualmente los científicos describiendo algunas leyes de su comportamiento. Todos estos conceptos se refieren a una energía sutil, no visible con los sentidos comunes (aunque posible de aprender a percibirla a través de ellos) pero que hace parte de cualquier organismo, encargándose de mantenerlo vivo, fortalecerlo y suministrar la fuerza vital necesaria para cualquier actividad; es ese «soplo de vida» del que hablaba Galeno el padre de la medicina moderna.

Muchas técnicas que utilizan esta energía vital, lo hacen canalizado lo que generalmente se denomina energía universal  y en estos casos, las manos son el punto de salida para aplicarla en determinada zona. El tipo de energía que se puede canalizar, varia de una técnica a otra y en ciertos casos de una aplicación a otra dependiendo del tratamiento. Es decir, hay dentro del espectro de energías disponibles -por decirlo de alguna manera- varias vibraciones o niveles diferentes y, hay técnicas que utilizan una energía sutil para toda aplicación y otras que diferencian dentro del prana por ejemplo, formas más densas que pueden aplicarse en zonas no delicadas y ayudar inclusive a desintegrar un tumor o pranas muy sutiles que se aplican a zonas delicadas como el cerebro. Una analogía que permite aclarar muy bien lo que sucede con estas energías e inclusive con la forma de percibirlas y como actúan, es lo que sucede con el espectro de la luz normal. Conocemos que hay una gama de luz que podemos percibir con los sentidos comunes pero sabemos que además existe la gama de ultravioletas y la de infrarrojos, que no la perciben nuestros ojos, pero que existe realmente y tiene efectos inclusive sobre el cuerpo físico. La energía sutil, aunque no estamos acostumbrados a percibirla con nuestros sentidos comunes, podemos aprender a percibirla con ellos, a «verla», «escucharla» o «tocarla», que es uno de los que mas fácilmente se puede desarrollar.

los efectos de la aplicación de esta energía sutil pueden verse y medirse sobre el cuerpo físico, por ejemplo en la emisión de fotones después de la estimulación de ciertos puntos sobre el cuerpo biológico con agujas de acupuntura, acupresión, luz o la simple proyección de prana de las manos de un sanador; Y por supuesto pueden registrarse en los efectos que tiene en la enfermedad que se esta tratando.

Esto implica entender que nuestro cuerpo esta compuesto no solo por la parte física, sino además por ese estrato de energía sutil conocido como aura, doble etérico o cuerpo bioplásmico, que esta envolviendo e interpenetrando el cuerpo y que va mas allá ; Este campo de energía sutil esta formado por un entramado de canales de energía que circulan en todas direcciones y se interconectan formando a su vez vórtices energéticos que son los llamados Chakras. Estos se constituyen en los principales puntos de entrada, salida y distribución de esta energía sutil y van a influenciar cierta zona del organismo, alimentando energéticamente los órganos y funciones correspondientes.

Cuando esta energía fluye limpia y libremente de un sistema, el estado de salud es optimo ; pero esta puede -por muy diversas causas-, debilitarse o acumularse formando bloqueos o congestiones que si son continuos y permanentes van a afectar la calidad y/o cantidad de la energía que entra en dicha zona y por consiguiente afecta también los órganos y funciones que vienen allí «alimentados». Desde el punto de vista energético, la enfermedad es entonces la manifestación de un déficit o un exceso de energía congestionada que impide al organismo mantener en equilibrio sus funciones y esto es valido tanto para el aspecto físico, como para el emocional y/o mental. Estos estados de desequilibrio que se manifiestan como síntomas o dolencias, pueden ser detectados y tratados a nivel energético a través de métodos simples pero muy eficaces como en el caso de la Terapia Pránica. Una técnica desarrollada por un ingeniero filipino-chino, el Maestro Choa Kok Sui, con base en el estudio profundo de sabidurías antiguas y modernas y puesta en una síntesis práctica, segura y fácil de aplicar.

En una técnica como esta, lo que se hace básicamente es valerse del prana para ayudar a equilibrar un organismo que esta en desequilibrio. Por medio de técnicas como la limpieza consistente en retirar bloqueos y congestiones de energía enferma y la transferencia de energía sana y limpia para facilitar los procesos de recuperación -que son una tendencia natural en cualquier organismo vivo- se ayuda a que el sistema pueda re-establecer su equilibrio natural.

Ana María Vargas

Psicóloga, Terapeuta Pránica

Instructora de Sanación Pránica para España y Portugal